Discriminan a más por covid-19; víctimas sufren discurso de odio y negación de servicios

En México hay quien enfrenta el deceso o contagio de un familiar por covid-19 y además padece discursos de odio, agresiones y negación de atención médica.

Entre el 19 de marzo y el 1 de junio se presentaron 317 quejas ante el Consejo Nacional Para Prevenir la Discriminación (Conapred) relacionadas con coronavirus, 4.3 al día en promedio.

Este dato representa un alza en relación con el que Excélsior publicó hace dos meses, cuando sumaron 32 quejas entre el 19 de marzo y el 6 de abril, 1.8 diarias.

Entre las historias que reflejan esta realidad está la de Tania Castillo. Su mamá fue una de las primeras fallecidas en México por la pandemia. Se contagió en Italia y eso fue motivo suficiente para que Tania recibiera ataques en redes. Culpaban a su madre de traer el virus al país.

En tanto, Mitzi Vera tuvo que ocultar que su papá era un caso sospechoso de coronavirus para que accediera a servicios de salud, pues algunos laboratorios y hospitales no lo admitían.

Pacientes covid-19 viven discurso de odio

Del 19 de marzo al 1 de junio el Consejo Nacional Para Prevenir la Discriminación recibió 317 quejas.

En México es preferible mentir sobre la causa de defunción u ocultarse si se está enfermo de covid-19, en la peor pandemia en los últimos 100 años en la que se contabilizan más de 113 mil contagios y 13 mil defunciones, que tener que soportar, además, discursos de odio, agresiones o una negativa para acceder a los servicios de salud.

Tania Castillo recibió múltiples de agresiones en redes sociales luego de la muerte de su madre por covid-19. Algunos hasta celebraron su pérdida, porque fueron de los primeros contagios que llegaron de Europa. Mientras que Mitzi Vera tuvo que mentir para que su papá pudiera tener acceso a los servicios de salud privados, porque en muchos laboratorios y hospitales no los admiten con ese padecimiento. Dijo que tenía asma y no sospecha del virus.

El silencio y la mentira han sido un refugio para protegerse o intentar salvar la vida de algún familiar. Testimonios de víctimas de covid-19 han ido quedándose atrapados entre los enfermos y sus núcleos más cercanos y escondidos detrás de las paredes de sus hogares.

“Corremos el riesgo de que la pandemia se convierta en un recuerdo muy doloroso en México, porque hemos tenido que vivirla y sufrirla en el silencio”, dice Tania.

Desde hace 100 días, cuando se dio a conocer el primer caso confirmado por coronavirus, la constante, al intentar documentar periodísticamente las historias de los pacientes o de los familiares, han sido negativas por miedo a exponerse a agresiones o discriminación o, quienes han aceptado dar su testimonio, lo han hecho sólo con la condición de que sea desde el anonimato.

Del 19 de marzo al 1 de junio, se han presentado 317 quejas en el Consejo Nacional Para Prevenir la Discriminación, Conapred, relacionadas con covid-19.

La muerte de la mamá de Tania fue la quinta anunciada por la Secretaría de Salud. Sucedió el 23 de marzo. Su diagnóstico de covid-19, se dio tras un viaje a Italia. Su contagio todavía estuvo entre los denominados por importación.

A pesar de lo dolorosa que fue su pérdida, Tania, siendo sicóloga con una maestría en victimología y con un posdoctorado en derecho, anunció la muerte de su madre en redes sociales y la causa de defunción, primero, porque en un proceso de duelo, la verbalización es un paso fundamental para comenzar a superar la partida de un ser querido y luego, por su deber moral de levantar la voz para decir que el virus era una amenaza muy real y que México no estaba preparado para enfrentarlo.

“No conseguimos que a mi mamá le hicieran una prueba PCR en el sector público, a pesar de haber viajado a Europa, tuvimos que pagarla nosotros, y durante dos días estuvimos llamando a Locatel para que la revisaran por el deterioro tan rápido de su salud, como fiebre muy alta y dificultad para respirar, pero nunca obtuvimos ayuda médica y nos quedamos esperando. Ahora lo lamentamos. Una intervención oportuna, hubiera hecho toda la diferencia”, dice Tania.

Al segundo día de que Locatel ignoró su llamado, su familia optó por acudir a un hospital privado para atender a su mamá. El puro costo por el ingreso fue de 60 mil pesos. El diagnóstico, desde el principio, fue una neumonía muy avanzada. La tomografía demostraba daño en el 45% de los pulmones y los médicos sólo le dieron 50% de probabilidades de sobrevivir. Al tercer día, murió.

Pero Tania nunca dimensionó que al externar su duelo y alertar a los mexicanos sobre la peligrosidad del virus, ella y su familia recibirían una ola de ataques en redes sociales.

“Trataron de destrozarnos psicológicamente y moralmente”, denuncia.

Todavía no logra contarlo, sin quebrarse.

Recibieron múltiples mensajes de odio. Buscaron información personal en sus perfiles y hasta se burlaron de que cómo era posible que teniendo estudios de doctorado fueran víctimas del covid-19.

“Aplaudieron la muerte de mi madre, como si hubiera sido la sentencia justa por haberse contagiado en Italia. Nos escribían en redes sociales, que qué bueno, que esto nos pasaba por ser fifís, por ser ricos, por ser blancos, por ser de derecha, por ir a Europa, que nos lo merecíamos por haber traído el virus a México. Que mentíamos solamente para desestabilizar y golpear al gobierno del Presidente. Que mostráramos fotografías de su cuerpo o su acta de defunción para ver si en verdad era cierto”.

Dos días después de la muerte de la madre de Tania, el gobernador de Puebla, Miguel Barbosa, en una conferencia de prensa, alentaba la creencia de que el virus sólo afectaba a los ricos.

“¿Quiénes están contagiados ahorita?… Son gente acomodada, ¿sí lo saben o no?…Los pobres estamos inmunes”, aseguró el gobernador morenista.

En un perfil del hermano de Tania, incluso, lo calificaron de “asesino”, por haber llevado a su mamá a Europa.

Todos los mensajes y ataques venían de usuarios desconocidos.

En la conferencia de prensa de Palacio Nacional, el subsecretario Hugo López-Gatell ha ocupado ese espacio, en varias ocasiones, para pedir a la población que evite las agresiones y las expresiones discriminatorias en contra de pacientes y personal de salud.

“El odio y con ello la fobia, la discriminación y el estigma están cimentados en una combinación muy tóxica de ignorancia y miedo”, alertó López-Gatell, el pasado 3 de abril, cuando sólo había 24 quejas por discriminación en Conapred.

Luego de padecer la pérdida de su mamá y su propia enfermedad, pues Tania también estuvo hospitalizada a causa del Covid-19, creó una red, junto con otros colegas, para dar soporte psicológico y legal a otras víctimas del virus y ser un vehículo entre pacientes recuperados y personas recién diagnosticadas con el objetivo de traspasar medicamentos, tanques de oxígeno u oxímetros de pulso, indispensables para el tratamiento, porque ya es prácticamente imposible encontrarlos en el mercado, por el desabasto, además, de que los precios se han triplicado.

“En estos grupos de apoyo nos hemos damos cuenta de que, a pesar de que sus familiares presentaron todos los síntomas de covid-19 al morir, continúan diciendo que fue por cualquier otra cosa, como un ataque al corazón, embolia o neumonía. Es un proceso de negación muy fuerte”, cuenta Tania.

El periodista Antonio Nieto dio a conocer que la Fiscalía de la Ciudad de México investiga a médicos de la Agencia de Protección Sanitaria por presuntamente falsear actas de defunción. Al menos serían 500 los documentos irregulares, en los que, en lugar de establecer sospecha o confirmación de covid-19, se puso como causa de muerte insuficiencia respiratoria, neumonía viral o neumonía atípica, entre otras.

“Estos discursos de odio han llevado a que la gente oculte la enfermedad. Oculte a los muertos. Creo que si continúan estas agresiones y señalamientos, esto va a ser un recuerdo muy doloroso en nuestra sociedad, porque nadie va a querer hablar para decir ‘yo soy enfermo’, ‘yo soy familiar de un paciente con covid-19’. Ser un enfermo de covid es ser objeto de señalizaciones de que ‘es tu culpa’, de que esto te pasa por no haberte quedado en casa o por haberte ido a Europa’”, advierte Tania.

Y mientras más se recrudecen los discursos de odio, más denso será el silencio entre las familias.

Basta con recordar el primer caso documentado en televisión abierta de un paciente con covid-19, desde su estancia en el hospital a finales de marzo. Rodrigo Fragoso dio la exclusiva a Grupo Imagen, con la misma intención que Tania, mostrar a los mexicanos, que la enfermedad era real. Ni siquiera habían transcurrido 24 horas de esta noticia al aire, cuando ya era víctima del hostigamiento de sus vecinos.

Excélsior revisó las 317 quejas que se interpusieron en el Conapred. La mitad sucedieron en la Ciudad de México (117) y el Estado de México (41).

Entre los testimonios se lee, por ejemplo, que por tener familiares contagiados el servicio de la basura se negó a llevarse la suya. A médicos les impidieron usar el elevador del edificio en donde viven. A vecinos les colocaron letreros afuera de su casa condenándolos por su enfermedad y a pacientes les negaron el servicio de laboratorios privados de la Ciudad de México.

Mitzi Vera tuvo que mentir sobre el padecimiento de su papá en laboratorios privados y en un hospital, para poder salvarle la vida. Dijo que padecía de asma y no que era un posible portador del virus SARS-Cov-2.

Luego de varios intentos para que neumólogos atendieran en una consulta privada a su papá, que tenía dificultad para respirar, pues la mayoría se negaba a hacerlo de manera presencial y sólo aceptaban asesorías por videollamada, por fin encontró a una médica que estaba dispuesta recibirlo y a auscultarlo.

“Creo que fue fundamental que un especialista pudiera escuchar los pulmones de mi papá”, asegura.

Lo primero que la neumóloga solicitó para atender al papá de Mitzi fue una placa de tórax para inspeccionar qué tan avanzado era el daño en los pulmones.

Su familia recorrió todos los laboratorios privados que le aparecieron en internet en la zona norte de la Ciudad de México, pero en cada uno que visitaron o llamaron recibieron la misma respuesta: “aquí no se atiende a pacientes con sospecha de covid-19”.

“En los sanatorios más pequeños nos comentaban que simplemente no estaban atendiendo a este tipo de padecimientos y en otros nos decían, que estaban llenos”, dice Mitzi Vera.

Una vez que consiguieron la placa de tórax, la neumóloga les hizo una última petición: que al llegar al hospital donde atendería a su papá explicara en recepción que venía a una revisión por asma o le negarían el acceso, porque a los pacientes con covid-19 no se les está permitiendo el ingreso. Evidentemente le solicitó, también, asistir con todas las precauciones posibles para evitar contagiar a otros pacientes.

“Creo que sí fuimos en un momento crucial y es importante mencionar, que si no hubiera mentido, no sé qué le hubiera pasado a mi papá”, explica Mitzi

Por fortuna, actuó a tiempo y encontró a una médica que quiso recibirlo, pues la propia neumóloga los alertó de que si su papá hubiera tardado más en recibir la atención, hubiera sido muy difícil sacarlo de la neumonía.

El papá de Mitzi todavía está en aislamiento. A 15 días de su primera consulta con la neumóloga, comienza a levantarse de la cama y a dar pasos por la casa y ya sólo está conectado al oxígeno por ratos y no las 24 horas.

Mitzi Vera y Tania Castillo han tenido la valentía de dar sus testimonios a la prensa con nombre y apellido para recordar a quienes están sufriendo en silencio.

TESTIMONIOS DE QUEJAS PRESENTADAS ANTE EL CONAPRED

  • Es enfermera y trabaja en un hospital privado; el 25 de marzo fue diagnosticada con covid-19, por lo que sus vecinos la insultan y la quieren sacar de su domicilio. CDMX
  • Aterrizó en Cancún proveniente de España. Al día siguiente, para tomar su vuelo a la Ciudad de México, la aerolínea no le permitió subirse por su antecedente de haber viajado a Europa y tampoco le reembolsaron el costo del vuelo. CDMX
  • Su bebé recibió mala atención médica en el hospital debido a que fue diagnosticado en un primer momento con covid-19, lo que influyó para que la pediatra y enfermeras asignadas no quisieran atenderlo por temor a infectarse; el bebé fue llevado a otro hospital, donde se recuperó y lo diagnosticaron con bronquitis, descartando el covid-19. Estado de México
  • Al intentar abordar el transporte, los usuarios comenzaron agredirla verbalmente, argumentando que ella, al ser enfermera, era responsable de contagio de covid y no le permitieron subir, por lo que tuvo que regresar caminando sola ese trayecto. CDMX
  • Su padre murió y, después del velorio, las autoridades municipales fueron a su casa y agredieron verbalmente a su familia y a él, indicándoles que tenían que resguardarse por ser familiares de alguien que murió por covid-19. Chiapas
  • Él y su pareja son médicos residentes y, a partir del inicio de la pandemia, han recibido comentarios por parte del dueño del edificio respecto de su profesión y el riesgo que supone para el resto de los inquilinos. Recibieron un mensaje informándoles que no podían usar el elevador y les sugirieron terminar el contrato de arrendamiento. Puebla
  • Un vecino colocó en su casa un letrero señalándolo como portador de covid-19, le externó su queja y le hizo sugerencias. Estado de México
  • Sus suegros fueron sospechosos de tener covid-19, por lo que el servicio de recolección del Ayuntamiento no se lleva la basura de su domicilio. Puebla
  • Una paramédica de su centro de trabajo lo roció con desinfectante de limpieza luego de que regresó a laborar, tras ser diagnosticado con covid-19. CDMX
  • En su familia hubo cuatro fallecimientos por covid-19, hechos que se hicieron del conocimiento de las personas de su colonia a través de Facebook y WhatsApp, por lo que teme salir a la calle y sufrir algún daño de las personas que viven en su colonia. Estado de México
  • Está diagnosticado con covid-19, acudió al laboratorio para hacerse una radiografía de tórax y le negaron el servicio. CDMX
  • Le pidieron su renuncia por ser familiar de una persona con síntomas de covid-19. CDMX

 

EXCELSIOR

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