Network refleja la crisis de los medios

Entre comerciales con rostros sonrientes y pegajosos jingles, una perversa historia nace el 22 de septiembre de 1976 en el noticiero de la cadena UBS: Howard Beale, veterano presentador de noticias por televisión, es despedido después de 25 años de trabajo, lo cual es el inicio de una puesta en escena que muestra la rutinización del hastío social, la conversión de la furia de las masas en una mercancía, el enojo público convertido en un show, el uso de las tecnologías de la información como medio de control social, las intrigas corporativas y el “negocio de hacer negocio”.

En Network, actualmente en temporada en el Teatro de los Insurgentes, existe un reflexivo discurso sobre las hipocresías sociales que diario se escuchan, las cuales son reveladas por un profeta iracundo, maquillado y con el foco necesario, para expresar su disruptivo: ¡estoy hasta la madre y no lo voy a tolerar!

Harto de las mentiras de su alrededor y sin ninguna de ellas, decide explotar y moverse con naturalidad por la contradicción, ésa que obliga a prostituirse para tratar de aumentar el rating o la que rompe las reglas y estándares del periodismo imperante y transforma la televisión en espectáculo y los noticieros en teatralidad.

 

Basada en la película de 1976, Network se interna por los diferentes espacios de una televisora (cabina, estudio, oficinas y pasillos), en los cuales cada personaje deja ver sus escrúpulos y transita según sus intereses.

Beale confronta al público, le grita a la cara su pasividad al aceptar que su única verdad sea la de la televisión, la cual han vuelto en el evangelio que crea y destruye en un mundo sin Dios y una Humanidad que carece de propósito, que refleja cómo todo está en venta y como, en ese contexto, se saca el cartel para ofertarse también.

Sin embargo, la verdadera y cruel “iluminación” llega desde la cúpula de la corporación, que expone el “orden natural moderno” basado en el flujo e intercambio monetario constante en un sistema financiero, que apela a “fuerzas naturales” movidas por corporaciones reguladas por las leyes inmutables del comercio.

Daniel Giménez Cacho es el centro y timón del presente montaje. Interpreta al líder de opinión encolerizado y predicador, quien recorre los matices de un hombre maduro que refleja la crisis de los medios de información ante el mercado y sus audiencias.

 

Lo acompañan en escena casi 20 actores, entre ellos: Arturo Ríos (Max Schumacher), quien refleja el desconcierto de una era de ruptura entre visiones antiguas y modernas de ver el periodismo y a la misma pareja; Zuria Vega, Paola Arrioja o Ilse Salas, quienes alternan el papel de Diana Christensen, mujer calculadora que su vida profesional y afectiva sube y baja al ritmo del rating que tanto busca; Francisco Rubio es Frank Hackett, un prepotente joven que busca mantenerse en la esfera de las élites, y Alberto Lomnitz en el papel de Arthur Jensen, calmado y “divino” empresario, quien explica las reglas del nuevo orden mundial.

Con una gran producción que recrea la época de los años 70, la propuesta cuenta con la escenografía de Adrián Martínez Fraustro, la iluminación de Patricia Gutiérrez e Ingrid SAC, el vestuario de Estela Fagoaga y el video de Jorge Orozco, así como la dirección de Francisco Franco Alba, quien tiene el reto de llevar este texto al público asiduo al Teatro de los Insurgentes.

Actualmente, la televisión comparte su lugar evangelizador con otros medios que buscan “consumidores”, que aceptan fake news, memes, notas pasajeras, challenges y demás entretenimiento, que los mantiene conformes, permitiendo que la válvula libere la presión de una sociedad a punto de estallar.

El set está listo para que el programa televisivo salga al aire, los ojos de todos están centrados en Howard Beale, quien grita encolerizado. Depende del público asistente el nivel de hartazgo de su propia realidad para lograr una reflexión, ya que es fácil caer en lo que se critica, un hastío convertido en mercancía para consumo y volverlo un mero producto frívolo.

 

LA RAZÓN

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